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Bruselas redobla la agenda climática europea pese al costo de incendios, calor y agua

Von der Leyen prometió mantener el rumbo de los objetivos climáticos de la UE y anunció un paquete de nuevas iniciativas sobre adaptación, olas de calor, agua e incendios forestales. La apuesta refuerza el papel de Bruselas, pero también anticipa más exigencias regulatorias y más presión sobre empresas, aseguradoras y contribuyentes.
Europajueves 17 de septiembre de 2026

Ursula von der Leyen afirmó en Estrasburgo que la Unión Europea mantendrá el rumbo hacia sus objetivos climáticos y que la transición, aunque compleja, seguirá adelante con ajustes en el camino. En su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo, la presidenta de la Comisión situó el cambio climático y la inteligencia artificial entre los «puntos de inflexión de nuestro tiempo».

La intervención llegó con una batería de anuncios: un nuevo marco de resiliencia climática para identificar los 100 territorios más vulnerables de Europa y evaluar sus riesgos; un Plan Europeo contra las Olas de Calor, con mejores sistemas de alerta temprana, preparación sanitaria, adaptación urbana y medidas de refrigeración; una Alianza para los Seguros Climáticos; y una nueva iniciativa europea sobre el agua.

Von der Leyen presentó el verano como «el verano de la verdad», marcado por incendios, olas de calor, pérdida de cosechas y retroceso de glaciares. También mencionó el deterioro de grandes ríos como el Danubio, el Rin y el Garona, que, según dijo, están «desapareciendo ante nuestros ojos». La presidenta de la Comisión sostuvo además que los incendios forestales son cada vez «más intensos, más frecuentes y más extendidos».

Según los datos citados por Von der Leyen, este verano ardieron unas 660.000 hectáreas en Europa, se perdieron alrededor de 12 millones de toneladas de cultivos y las olas de calor provocaron más de 35.000 muertes adicionales. Añadió que Europa se está calentando al doble de velocidad que la media mundial y advirtió que los meses recientes fueron probablemente «los más frescos de los años que vienen».

La Comisión también encargó a algunos de los bomberos y responsables de emergencias más experimentados de Europa dirigir los trabajos para mejorar la prevención y la preparación frente a los incendios, desde la coordinación civil-militar hasta la necesidad de nuevas capacidades. Entre las ideas planteadas figura la posible creación de una futura flota europea de lucha contra incendios.

En paralelo, Bruselas subrayó la fragilidad de la cobertura privada frente a catástrofes: sólo alrededor del 25 % de las pérdidas por catástrofes en Europa están cubiertas por seguros privados. Von der Leyen defendió además que la escasez de agua afecta a la agricultura, la energía y las cadenas de suministro, y lamentó que las redes europeas de abastecimiento pierdan por fugas casi uno de cada cuatro litros.

La lectura política es clara: la Comisión quiere convertir la emergencia climática en una justificación para ampliar coordinación, planificación y capacidad de intervención a escala continental. Conviene mirar los incentivos. Cuando Bruselas identifica 100 territorios vulnerables, diseña planes de alerta, impulsa alianzas aseguradoras y habla de una futura flota contra incendios, también avanza sobre ámbitos donde los gobiernos nacionales, las empresas y los contribuyentes terminan absorbiendo la factura.

La discusión de fondo no es si existe el riesgo, que Von der Leyen dio por evidente, sino cómo se reparte el costo de responder a él. Para la libre empresa, la señal es ambivalente: más previsión y resiliencia pueden reducir daños, pero una nueva capa de aparato regulatorio y de coordinación centralizada suele traer obligaciones, incentivos distorsionados y presión sobre el capital privado. La historia sugiere cautela.

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