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Benín denuncia un viaje de 25 horas y fallas en su hotel antes del partido con Argentina

La selección africana llegó al Monumental con quejas por su preparación, mientras el estadio espera lleno para el último duelo de Messi en este ciclo. El contraste vuelve a poner el foco en las condiciones que rodean ciertos amistosos internacionales.
Las Américasmartes 6 de octubre de 2026

Lionel Messi tendrá este martes la oportunidad de jugar su último duelo con la camiseta que representó en seis mundiales en Buenos Aires, cuando Argentina se mida con Benín en el Monumental. Las entradas se vendieron en menos de dos horas y se espera un estadio completo.

Pero la antesala del partido quedó marcada por las quejas de la delegación beninesa. Según la información compartida por Mega Sports Media, el plantel acumuló un viaje de 25 horas, considerando escalas, lo que provocó que uno de los integrantes del cuerpo técnico presentara una descompensación.

Además, tres futbolistas no han podido incorporarse a la concentración, lo que complicó al técnico para armar el once inicial y evaluar alternativas para el compromiso.

A esas dificultades se sumaron reclamos por el hotel donde permanece alojada la delegación. Uno de los principales apuntó a la falta de agua caliente en uno de los pisos del recinto. También acusaron que el gimnasio disponible no cuenta con los elementos necesarios para realizar los ejercicios de activación física.

La referencia no es menor porque antes del partido contra Benín, Argentina enfrentó a Burkina Faso, cuya delegación también acusó falta de condiciones. Ese encuentro terminó 7-0 y dejó críticas en la prensa transandina.

La Nación tituló que «Argentina goleó 7-0 a Burkina Faso en un partido que fue un papelón». En su análisis agregó que «las condiciones excepcionales en las que Burkina Faso afrontó el encuentro, sin embargo, dejaron inevitablemente abierta una pregunta más amplia: cuánto pudo sacar Scaloni de una prueba en la que casi nunca hubo equivalencias».

Clarín, por su parte, escribió que «Argentina aplastó a una Burkina Faso remachada y con jet lag, en un amistoso que fue un papelón». Y añadió: «De tantos encuentros low cost que hubo desde que Argentina salió campeón del mundo en Qatar, algún día podía salir mal y el de anoche ante Burkina Faso salió mal. No resiste ningún análisis. Fue absurdo. Un papelón».

Conviene mirar los incentivos. Cuando un amistoso internacional depende de viajes extenuantes, alojamientos deficientes y planteles incompletos, el espectáculo deportivo pierde calidad y credibilidad. El precio no lo paga solo el rival perjudicado; también lo asume el público que compra entradas para ver una prueba seria y recibe una puesta en escena de valor discutible.

En ese marco, la organización importa tanto como el resultado. Si una federación quiere vender un evento como celebración o cierre simbólico, debe ofrecer condiciones mínimas de competencia. De lo contrario, el partido deja de ser una medición útil y se acerca demasiado a un trámite de marketing deportivo.

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