Un estudio publicado en el British Journal of Nutrition comparó durante 104 semanas el efecto de agua y bebidas dietéticas comerciales en 493 adultos con sobrepeso u obesidad que buscaban perder peso.
Los participantes fueron asignados de forma aleatoria a beber solo agua o solo bebidas dietéticas todos los días, siempre dentro de límites de seguridad de consumo de edulcorante, según la investigación.
El resultado fue parecido en ambos grupos. Después de las 104 semanas, la pérdida de peso fue similar, y también lo fueron la reducción de la circunferencia de cintura y cadera. Además, hubo mejoras en la composición corporal y en biomarcadores metabólicos durante los dos años del estudio.
De acuerdo con las conclusiones de los investigadores, tampoco hubo diferencias «clínicamente significativas» en la presión arterial o el colesterol entre quienes tomaron solo agua y quienes tomaron solo bebidas light o zero.
La autora principal del estudio, Joanne Harrold, afirmó: «Estos últimos hallazgos demuestran que las preocupaciones sobre los edulcorantes que alteran el apetito o provocan aumento de peso no se confirman tras un riguroso ensayo aleatorizado a largo plazo». También dijo que esperan que la evidencia sirva de base para futuras directrices de la OMS y para políticas de salud pública.
La propia nota recuerda, sin embargo, que las últimas guías de la Organización Mundial de la Salud no recomiendan el uso de edulcorantes no azucarados como aspartamo, acesulfamo de potasio y sucralosa como estrategia para controlar el peso, no porque no sean seguros, sino porque la evidencia no muestra beneficios a largo plazo.
Ese matiz importa. Conviene mirar los incentivos: cuando un producto sin calorías compite con el agua en un plan de adelgazamiento, el mercado de las bebidas y la política sanitaria convergen en la misma pregunta, qué funciona y qué no. Aquí, al menos en este ensayo, la respuesta es que ambas opciones produjeron resultados parecidos.
La investigación fue financiada por la Asociación Estadounidense de Bebidas, aunque el equipo de la Universidad de Liverpool y Leed aseguró haber trabajado de forma independiente a su financiador. Ese dato no invalida por sí solo los resultados, pero sí recuerda que en salud pública la transparencia sobre financiamiento no es un detalle menor.
Para el lector, la conclusión es más simple que el ruido: si el objetivo es perder peso, las bebidas light o zero pueden comportarse de manera similar al agua en un programa controlado. La historia sugiere cautela con las promesas absolutas, pero también con las prohibiciones automáticas. El dato importa más que el ruido.


