RIAD y EL CAIRO.– Los hutíes de Yemen, alineados con Irán, intensificaron sus ataques contra Arabia Saudita y pusieron otra vez en evidencia la fragilidad del orden de seguridad en el Golfo. El jueves se escucharon explosiones en Riad y se interrumpieron los vuelos en el aeropuerto internacional de la capital, un día después de que el reino informara sobre las primeras muertes desde la escalada de las últimas semanas.
Los hutíes dijeron haber lanzado un misil balístico contra el aeropuerto de Riad y reiteraron su amenaza de forzar el cierre del espacio aéreo saudita. También advirtieron a las aerolíneas globales «por última vez» sobre las posibles consecuencias de operar en ese espacio aéreo, que calificaron como un teatro para sus operaciones militares.
El portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudita que combate a los hutíes, el mayor general Turki al-Malki, informó que interceptaron y destruyeron dos misiles balísticos lanzados hacia Riad, junto con otro disparado hacia Khamis Mushait, en el suroeste cerca de la frontera con Yemen. Las autoridades de defensa civil sauditas dijeron que escombros de una interceptación dañaron un jardín de infantes y un complejo médico, sin mencionar víctimas.
Las autoridades sauditas anunciaron que tres personas habían fallecido esta semana en ataques contra los aeropuertos de Riad y Abha. Se trata de las primeras muertes desde que Arabia Saudita y fuerzas yemeníes aliadas lanzaron una importante ofensiva terrestre y aérea contra los rebeldes.
El impacto fue inmediato en la actividad aérea y en los mercados. El Aeropuerto Internacional Rey Khalid en Riad «cerró de nuevo», indicó Flightradar24. Un testigo dijo que se detuvieron los vuelos de salida y que se instruyó a los pasajeros a dejar atrás todo el equipaje facturado y evacuar. Además, varias empresas multinacionales con sede en el Distrito Financiero Rey Abdullah ordenaron a su personal que trabajara desde casa tras las fuertes explosiones.
Las explosiones también empujaron al alza los precios del petróleo. Conviene mirar los incentivos: cuando una infraestructura crítica queda expuesta y el transporte se vuelve más incierto, el costo no lo pagan solo los gobiernos involucrados, sino también empresas, consumidores y contribuyentes de países que dependen de un orden internacional estable.
La dimensión económica del conflicto importa tanto como la militar. Arabia Saudita presiona para obtener apoyo de naciones aliadas, entre ellas Turquía y Pakistán, mientras intenta revertir los avances hutíes en el suroeste de Yemen, junto a la entrada sur del mar Rojo. Siria, además, se plantea desplegar tropas para ayudar a Arabia Saudita, según la nota.
La presencia de los rebeldes en el Bab el-Mandeb supone una amenaza para una ruta marítima crucial, alternativa al estrecho de Ormuz, donde el tráfico se ha visto reducido debido a los asaltos iraníes contra barcos. Esa combinación de frentes abiertos añade caos a una región ya en llamas y aumenta el riesgo de que otros Estados queden arrastrados a un combate más largo y costoso.
Para los países del Golfo, la lección es incómoda pero clara: sin capacidad real de defensa y sin alianzas operativas, la infraestructura económica queda a merced de actores armados que buscan imponer costos. El mercado descuenta estabilidad; la guerra ofrece exactamente lo contrario. Y cuando el Estado no puede garantizar seguridad básica, la libre empresa, la inversión y el comercio pagan la factura.
La historia sugiere cautela. Los ataques a aeropuertos, instalaciones petroleras y rutas marítimas no solo son gestos militares: son advertencias sobre la vulnerabilidad de un orden regional que sigue dependiendo de la disuasión, la protección de activos estratégicos y la credibilidad de quienes prometen sostenerla.
