Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Finanzas y economía

Arabia Saudita enfrenta una nueva presión sobre su petróleo y el mercado mundial

La reparación de su oleoducto clave podría tardar hasta cinco semanas, mientras los hutíes amplían su control sobre rutas del mar Rojo y el precio del crudo sube más del 2%. El dato importa más que el ruido: la oferta global vuelve a depender de un corredor cada vez más frágil.
Finanzas y economíalunes 14 de septiembre de 2026

La reparación del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita podría demorar entre tres y cinco semanas, según dos funcionarios regionales citados por The Associated Press. Esa arteria petrolera es la vía que el reino utiliza para esquivar el bloqueo del estrecho de Ormuz, y su interrupción llega en un momento de máxima tensión para el transporte de crudo.

El mismo lunes, los precios del petróleo subieron más del 2% por la creciente preocupación sobre el suministro global. El Brent llegó a USD 109, de acuerdo con Rystad Energy, que calificó ese salto como «una señal clara de que el mercado está incorporando cada vez más una pérdida significativa de suministro».

Arabia Saudita suspendió el funcionamiento del oleoducto tras un ataque ocurrido el jueves, que atribuyó a drones lanzados por milicias iraquíes respaldadas por Irán. Según los funcionarios consultados, la reparación incluye una importante instalación de bombeo. Uno de ellos dijo que la tubería podría operar de forma parcial durante los trabajos, aunque no pudo estimar qué volumen de crudo lograría pasar.

El oleoducto había transportado un promedio semanal de entre 2,6 y 4 millones de barriles diarios desde fines de agosto. Si el flujo se detiene por completo, esa cantidad se perdería en el mercado, según el informe difundido por Rystad Energy. Conviene mirar los incentivos: cuando una infraestructura de esta escala queda expuesta al sabotaje y a la guerra regional, el costo no recae solo en el productor, sino en consumidores, navieras y refinerías de medio mundo.

La presión no viene solo del oleoducto. El mismo lunes, los rebeldes hutíes de Yemen ampliaron su control sobre rutas marítimas clave del mar Rojo, al capturar las estratégicas islas de Hanish Mayor y Hanish Menor, según funcionarios gubernamentales y hutíes citados por la agencia. Los islotes están a 160 kilómetros del estrecho de Bab el-Mandeb, el paso que conecta el mar Rojo con el océano abierto y con los principales mercados asiáticos de Arabia Saudita.

El avance deja a los hutíes a 32 kilómetros de la base militar de Estados Unidos en Yibuti, en el otro lado del estrecho. Desde hace más de un mes, el grupo viene atacando infraestructura petrolera saudí y buques en el mar Rojo, en una escalada que presiona los precios internacionales del crudo y refuerza el margen de maniobra de Irán en su guerra con Estados Unidos.

La situación también reduce el margen de Arabia Saudita para sostener sus exportaciones. El cierre prolongado del oleoducto Este-Oeste implica que pierde su principal vía alternativa para sacar crudo hacia Asia sin pasar por Ormuz ni por las rutas del mar Rojo hostigadas por los hutíes. Esa combinación deja al mayor exportador mundial de petróleo con opciones cada vez más limitadas.

En paralelo, las autoridades yemeníes y los hutíes se disputan el terreno en torno a Mokha, Mayun y otras posiciones del área. El domingo, el ejército yemení informó que lanzó ataques aéreos contra posiciones hutíes en Mokha, Dhubab y otros puntos de Taiz. Un vocero rebelde, Yahya Saree, afirmó que los hutíes dispararon decenas de misiles y drones contra la base aérea Rey Khalid, en Khamis Mushait, aunque Arabia Saudita no emitió comentarios inmediatos.

Para el mercado, la lectura es simple: la energía sigue sometida a la política y a la coerción armada. Cuando el comercio depende de pasillos estrechos y de infraestructuras vulnerables, la estabilidad de precios se vuelve una ilusión cara. El problema no es solo saudí; es de todo un orden energético que descansa en pocas rutas y demasiadas amenazas.

Si la reparación se prolonga, el mundo pagará más por un barril que ya incorpora riesgo geopolítico. Y cuando el suministro se vuelve rehén de actores armados, la factura termina pasando por caja en las economías que menos control tienen sobre ese tablero.

Más sobre Finanzas y economía

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →